24 set 2020 Publicado en: La ventana
Un símbolo de la vitivinicultura de Maldonado

Alto de la Ballena abrió el camino para poner al terroir fernandino definitivamente en el mapa de la elaboración de vinos de alta calidad de nuestro país.

Cuando Álvaro Lorenzo y Paula Pivel eligieron esas tierras altas casi en la intersección entre la ruta 9 y la ruta 10, ni imaginaron que Maldonado se iba a convertir en el departamento de más rápido crecimiento en la vitivinicultura en el siglo XXI y su proyección mundial.

Enclavadas en lo alto de la Sierra de la Ballena, se plantaron 8 hectáreas de viñedos en un suelo pedregoso y arenoso, con influencia de los vientos marítimos, germen también de una oleada de vinos costeros, atlánticos u oceánicos que hoy tienen gran aceptación del público en todas las latitudes por su frescura y su mineralidad.


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A pesar de su limitada producción, la bodega tomó un camino que la llevó al éxito: respetar el tiempo de crianza en barrica y sumarle la evolución de la guarda en botella antes de presentar cada una de sus añadas al mercado. De tal modo, la línea Reserva que hoy ofrece Senderos del Tannat es de Cabernet Franc y Merlot del 2016 y el corte Tannat- Viognier (uno de sus más representativos y exitosos), del año 2015.

Complementa el porfolio que ofrecemos su alta gama, Cetus Cuvée 2013 (Tannat), y dos vinos de su línea clásica: el blanco Viognier y el corte tinto Tannat-Merlot-Cabernet Franc.

Los primeros también en enoturismo

Desde sus comienzos, Alto de la Ballena recibe visitantes en su mirador desde el que se domina gran parte de la viña en la ladera, y hacia adelante se divisa la Laguna del Sauce (muy próxima al aeropuerto de Punta del Este), que regala mágicos atardeceres en un ondulado horizonte, bien diferente a las puestas de sol en el mar del balneario esteño.

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